Los seres humanos tenemos una extraña tendencia a ser deshonestos. Copiar en los exámenes del instituto, sustancias no permitidas en el deporte, infidelidad conyugal, planes financieros que desestabilizan la economía… y no sigo para no deprimir a nadie. La falta de honradez se ha establecido como algo normal en las noticias y en el mundo en el que vivimos.

La sociedad actual es la sociedad de las prisas, del ya, del consumo, de lo artificial, del envoltorio, en el que el parecer es más importante que el ser. Todo esto se acaba convirtiendo en una carrera de ratas en la que todos corren hacia ninguna parte.

Según los expertos, existe lo que se llama “el triángulo de la deshonestidad” que se conforma por tres elementos:

  • La presión de delinquir
  • La racionalización de nuestros actos (convencernos de que no estamos actuando mal)
  • La oportunidad

En la vida profesional existe, aunque no siempre oficialmente, algo que podríamos denominar el “Contrato emocional”, este contrato lo firmamos con las empresas para las que trabajamos, lo firmamos con nuestros jefes y también con los compañeros de trabajo. Es un contrato que debería firmarse de forma consciente por ambas partes; considero que bien pensado, podría proporcionar una base de igualdad y acercamiento entre empleados y empleadores, añadiendo una serie de valores que ayudarán a reflejar la calidad del trabajo de cada persona que forma un ecosistema empresarial; como consecuencia de esto también se vería reflejado en la cultura de la compañía.

Os dejo también por aquí un video que está relacionado con las experiencias honestas y los valores: